-Doctor, tenga cuidado al cortarle el cordón umbilical-
Mama pintora coloreo la ilusión del nacimiento de su primer hijo del color oscuro del miedo.
Más adelante, trazo a brocha gorda la cabeza del pequeño ensangrentada en los columpios del parque.
Otro día, Con un pincel del seis en mano, repaso un garbanzo en la entrada de su traquea y, contra consejo pediátrico por el bien de su formación mandibular, dictamino el volver a las papillas.
Un sueño de luces turbias y arco iris de escala de grises le ilumino asegurándole que su niño, el imán a los peligros, nunca había estado más seguro y protegido que en su barriga. A base de gritos hacía dentro y autos: -¡succiona, succiona! Rebobino la vida del nene invitándole a nadar de nuevo en el líquido amniótico.
El niño creció y hasta los huevos de la braza, el croll y la piel arrugada, aprovecho un despiste de contracción vaginal para salir cagando hostias. Ahí empezó su historia: Puenting, Paracaídas, Port Aventura, Caída libre, Snowboard, Formula 1, Submarinismo con tiburones… y adiós columna vertebral.
Su madre a grito pelado con su potorro: - ¿Por qué?, ¿Por qué te despistaste?, si no tuvieras la regla te hincharía los labios a puñetazos.
El niño, ya un hombre, escondía un secreto que ni el mismo sabía. Una risita interior le confirmaba que hacia mucho tiempo que dejo de andar, correr y saltar con las piernas.
Day Z, o el nuevo juego de zombis por antonomasia
Hace 1 semana


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