EL PRINCIPOLLAS. CAPITULO V

Cada día sabía algo nuevo sobre los mundos de Yupi, sobre Yupi, sobre Astraco. Venían drogados, al azar de las paperinas. Al tercer día me entere de las broncas con los Bobobobs.
Fue otra vez gracias a la porra, al puto instrumento parecido a la cachiporra usado por los miembros de algunos cuerpos de seguridad. Me hizo morder almohada profundamente, como asaltado por una bestia del infierno:
- ¿Es verdad, no es cierto, que estas disfrutando como una cerda?
- ¡Siiii! Dolor.
- ¡Ah! ¡Que Chipiriflautico estoy!
No comprendí que gaitas tenía que ver la violación con los jodidos Bobobobs. Pero el Principollas agrego en el Messenger:
- ¿XD; D, De manera que te gustaban los dibujos de los Bobobobs?
Hice notar carne por detrás al Principollas mientras me decía que los Bobobobs son unos hijos de su madre, y que esa tropa de piratas acabarian con el mundo.
La idea de una tropa de enanitos sopla gaitas destruyendo el mundo hizo reír al Principollas
- Habría que hincharles las espinillas a balazos…
Y observo sabiamente:
- Los Bobobobs, antes de crecer, son los náufragos del capitán Bob, menudo dictador-
- ¡Es cierto¡ Pero ¿Al planeta tierra tienen que llegar?
Me contesto: ¡Los Bobobobs, los Bobobobs!, como si los tuviera detrás. Y necesite estrujar mi cuarto de neurona para comprender que me estaba vacilando.
En efecto, en el planeta del Principollas, como en todos los planetas, había hierbas buenas y hierbas malas. Saint-Exupéry me lo ha puesto a huevo para hablar sobre las drogas. Las semillas no se ven. Siempre te las pasa un tío que te dice que estas son la bomba. Entonces las plantas y, modositamente al inicio, sale un hierbajo de mierda. Si al fumarla solo dan nauseas, dolores de cabeza y de barriga, debe tirarse rápidamente a la basura, en cuanto te has podido liar el canuto. Había, pues, semillas de tirar de la cadena en los mundo de Yupi. Eran tan chungas que iniciaba contactos paranormales con los Bobobobs, los grandes náufragos del capitán Bob.
El universo del porreta esta infestado de estos bichos. Si un Bobobob no se le ignora a tiempo, te raya por doquier. Invade toda tu mente. Se mete en cada pliegue cerebral. Y si tu mente no es mayor que la del Ramapitecino te la hace estallar.
“Es cuestión de dejar los Canutos” – me decía en Morse el madero chingón-. Cuando uno limpia su sangre de semejantes estupefacientes, empiezas a ver la vida de otro color. Hay que decir constantemente ¡NO! A los Bobobobs, en cuantos se les distingue entre las vocecitas mentales. Sudas frió y deseas estar muerto, pero es muy fácil.
Sin venir a cuento, para que no se me olvidara que a pesar de 4,75 capítulos de tiña literaria surrealista él era la autoridad. Me obligo a hacer un enorme dibujo para los jóvenes yonkarras de mi barrio. “Si algún día deciden decir ¡NO! A los Bobobobs- me comentaba- podrá serles útil. Mi abuela me decía no hagas hoy lo que puedas hacer mañana. Pero, como escuches a estos jodidos enanos un instante más, te la lían parda. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Descuido tres arbustos (¿a santo de que estas dos ultimas frases? A santo de que molan)…”
Y, según ordenes dignas del Tercer Reich, dibujé aquella frikada. No me gusta llenar el bombo a la peña. Pero se sabe tampoco de los Bobobobs, y los riesgos en el cocotero son tan chungos, que, por una vez, voy a hacer de Padre Apeles. Y digo: “¡Viva!, ¡Viva!, son los Bobobobs, los grandes náufragos del capitán Bob, hemos de viajar, sin nunca parar… Me he currado el dibujo. No olvidéis nunca esta canción. Quizá os preguntareis: “Que hace este pavo escribiendo esta bazofia, no esta muy bien”
La respuesta es bien chunga: Hay que abstraer la mente hasta los limites para entender muchas cosas.


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