COMUNICACIÓN PADRES E HIJOS

- Papa, mama, he pillado un cebollón -
Un silencio duele más que cualquier sermón. Papa sustituyo el vete a tu habitación y no salgas hasta que te salgan canas por viajar a sus recuerdos de la infancia. De repente se encontró proyectando su Cinexin en el culo gordo de su abuela mientras su hermano mayor confesaba su melopea. Le cayeron hostias por todos lados. A Tomas, el tete, no se le ocurrió mayor venganza que mutar cada una de las tortas, patadas y puñetazos en cubatas, porros y paperinas. Así acabo el desgraciado, debajo de un puente con todas las venas agujereadas.
Mama hizo uso del disco duro de las lamentaciones. ¿Qué había hecho mal se preguntaba? Nunca le falto un plato encima la mesa ni un exhausto cuidado en sus gripes, catarros y diarreas. Jamás ha discutido sus decisiones en los estudios y siempre ha tolerado que trajera alguna que otra chica a casa, es mas, no tenía ningún problema en hacer los oídos sordos delante las estrechas paredes de su habitación. De abrazos y de besos ya no te digo, los necesarios y mas allá.
Después llego la acción: Psicólogos, psiquiatras, curanderos, sacerdotes exorcistas, centros de desintoxicación, control de sus compañías, fotografías con su cara en cualquier establecimiento cercano a casa donde puedan vender alcohol y un largo etcétera de derroche económico por el bien de su niño.
El colega flipando. Toda esta mierda por pillar un cebollón. Un futuro como químico agrícola en la elaboración de productos naturales, en este caso cebollas, tirado a la basura. ¿Qué había de malo en cosechar cebollas grandes y recolectarlas?

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